Cooperativa "La Verde"
La cooperativa La Verde surgió como un proyecto de agricultura ecológica ligada al autoconsumo; a la posibilidad , para alguna gente , de cuidar una pequeña huerta y vivir de ella. Era un momento -el año 87- de crisis en el movimiento jornalero, cuando la política de subsidios y el PER estaban empezando a dejar sentir la desmovilización en el campo. En Villamartín, el Sindicato de Obreros del Campo tenía una fuerte presencia: ocupaba f i ncas , realizaba grandes asambleas abiertas y estaba formado por gente joven y entusiasta. Un grupo de estos jóvenes del SOC — recogiendo el debate sindical de pasar a controlar los medios de producción impulsaron la idea. El primer año estuvo dedicado casi por completo al debate; una vez transcurrido, tomaron la decisión de comenzar el proyecto pasando a la acción.
Ahora, años después de los primeros pasos del trabajo en la huerta, reconocen lo poco que sabían, cómo fueron descubriendo las grandes diferencias de la situación de un jornalero a la de un campesino, cómo cambiaban los roles, la responsabilidad. También les pesaba, al principio , la imagen negativa que se había creado en la zona del cooperativismo. La política del PSOE de impulsar proyectos en función sólo del carnet político de los que los presentaban había terminado con el rotundo fracaso de bastantes iniciativas. Pero La Verde continuó. El grupo inicial se redujo a 10 personas, quienes decidieron crear la cooperativa y estos años han consolidado el proyecto, haciendo de él un modelo para muchos de los que empiezan.
"No les preocupa la propiedad de la tierra. El beneficio ha de obtenerse del trabajo "
Durante este periodo se han esforzado, sobre todo, en consolidar la capacidad de autoconsumo de cada uno de los socios, que para ellos es la base y el sentido de una idea como la suya. Para ello, f ueron aumentando la extensión de tierra de cultivo, que hoy es de unas 11 hectáreas -más otras cuatro dedicadas a caminos y edificios y pastos permanentes para el ganado. La mayoría pertenecen a la Confederación Hidrográfica, y las otras 4 ó 5 las compraron a campos limítrofes: Aseguran no preocuparse por la propiedad de la tierra; piensan que el beneficio ha de salir del trabajo, del usufructo de la tierra (de hecho, han sido tan desinteresados como para construir su tienda y la casa en estos terrenos, sabiendo que les sería imposible venderlos). Si " su historia " tiene alguna continuidad después de ellos, habrá de ser de esta forma.
Lo que han conseguido con su constancia es aumentar la fertilidad de la tierra -que antes de La Verde se utilizaba para la extracción de áridos-, y rentabilizarla con un grado de eficiencia altísimo. Ahora, a lo largo del año, produce en tomo a las 45 especies distintas de hortalizas: berenjenas y calabacines, calabazas, tomates, zanahorias, habas, cebollas...; y árboles frutales, como perales y manzanos. También han logrado fijar una asignación mensual para cada uno, que se completa con el autoconsumo de los productos de la huerta y la tienda (procedentes de intercambios) -leche, carne, huevos, verduras, frutas- y se distribuyen en función de las necesidades del grupo de personas o familia con las que conviva el socio en cuestión.
Desde sus planteamientos, la agricultura ecológica debe ser considerada como algo integral, que define las bases económicas en donde debe darse.
Poco cambia una agricultura que, aunque sea un poco más respetuosa con el medio y utilice menos productos contaminantes, se enmarca dentro del actual sistema de producción a gran escala. En las grandes empresas que buscan la productividad como primer objetivo y destinan sus productos a las clases ricas europeas, mientras la gente del entorno tiene que comprarlos en una cadena de supermercados. Eso hace que el gasto energético en transporte, por ejemplo, sea claramente contradictorio con un modelo que se supone ecológico. Con este sistema, además, es la industria agroalimentaria, tradicional intermediaria, quien recauda todo el beneficio de la comercialización. Manuel, uno de los fundadores de La Verde, nos comentaba como, en su opinión, la gran deficiencia histórica del campesinado ha consistido en desentenderse de esta parte de la comercialización y centrarse sólo en producir. Ello ha posibilitado la situación de dependencia total de la agricultura de hoy
Para hacer una agricultura coherente con estos planteamientos. La Verde ha trabajado duro en recuperar los usos de la agricultura tradicional, que en esta zona existía en la forma de una vieja cultura hortícola, por su cercanía con el río Guadalete. Para ello se han dedicado a buscar, recuperar y clasificar las variedades de especies autóctonas. Frente a la tecnologización actual del campo -en la que el próximo y ya introducido paso es el de los vegetales modificados genéticamente -, las especies locales, adaptadas al terreno junto al que han ido evolucionando y robusteciéndose, son la única garantía de preservación de la biodiversidad genética. En La Verde han acompañado la investigación de las semillas con la de sus usos agrícolas o culinarios, y ello ha culminado en una gran autonomía para la cooperativa, pues disponen del 80% de las semillas que necesitan y pueden intercambiar y venderlas a otros agricultores. Es un paso muy importante del que no todas las iniciativas de este tipo son aún conscientes. Ahora, necesitan de una o dos personas -al menos un técnico-, encargadas de ordenar y clasificar todo el material genético que han acumulado, para poder rentabilizarlo y utilizarlo adecuadamente. Intercambiar y distribuir semillas es una responsabilidad muy seria, por cuanto debe ser acompañada de información sobre sus usos y cuidados, todo un saber que en gran parte no está escrito.
Pero esto no es suficiente. Si todo este esfuerzo se deja en manos de una industria que lo transforme y distribuya, el agricultor habrá perdido gran parte del valor generado con su dedicación. Por eso. La Verde se ha preocupado de ayudar a impulsar una red de consumo local, un circuito corto y libre de intermediarios para sus productos, que se venden en la sierra y bahía de Cádiz (San Fernando, Jerez, Sanlúcar, Puerto Real, El Puerto de Santa María, Ronda), en Granada y que ellos mismos distribuyen. En estas ciudades y pueblos están vinculados con asociaciones de consumidores y tiendas ecológicas que le aseguran la venta de una parte de la producción y van creando conciencia a la vez que costumbre entre los consumidores.
Otros pasos importantes encaminados en este sentido: el año pasado probaron a envasar tomate en una pequeña fábrica de mermeladas de Zahara de la Sierra que tenía problemas para subsistir dada su pequeña producción: el resultado fue un éxito; así, este año, han decidido aumentar la cifra inicial a 15.000 kgs. de tomate con su etiquetado y marca. Junto a la fábrica y otras dos cooperativas de la zona ligadas al SOC, la coop. Tierra y Libertad de El Bosque y El Indiano de Puerto Serrano, y otros catorce pequeños productores de la comarca, han legalizado esta marca y la han llamado Verde Oliva. Todos están integrados en un proyecto mayor para formar una cooperativa de segundo grado. De esta forma pretenden hacerse con la transformación, comercialización y distribución y controlar todo el proceso de los alimentos que producen.
La trayectoria de la cooperativa ha sido difícil, como la de cualquier grupo embarcado en una historia común, con sus dificultades y malos momentos, además de los logros. Una constante del grupo ha sido su reformación, el cambio en los socios que han ido yéndose y llegando, dejando como herencia su trabajo y experiencia o comenzando a desarrollarla.
El 94-95 fue un periodo muy difícil para la cooperativa porque, primero, se vieron afectados por las consecuencias de la larga sequía, que desveló la necesidad de cubrir las necesidades de todos los socios y les impulsó a comprar más tierra. Después, porque terminó con la salida de una parte de ellos -tres o cuatro de los creadores del proyecto- que habían contribuido durante todo ese tiempo a impulsarlo. Pero se superó con la continuidad de la cooperativa; y la última salida de gente - apenas hace dos meses que se han ido dos socios más- no fue traumática para el conjunto. Saben que pueden integrarse personas con iniciativas que renueven a La Verde.
La organización interna de la cooperativa con un grupo reducido como el suyo, es relativamente fácil. Se reúnen todas las semanas en una asamblea que programa el trabajo para este periodo. También realizan otra reunión al mes, para poner en común la contabilidad y planificar a más largo plazo; y, por último, está la Asamblea Anual, dedicada más al análisis y reflexión globales sobre la marcha de la cooperativa, a definir estrategias económicas y los planes de cultivo. Procuran fomentar la rotación de tareas, de manera que nadie sea insustituible y todos contribuyan en todos los aspectos.
Después de estos doce años, su recuento anual de beneficios sigue siendo cercano al cero. Algo, en parte, premeditado: en el reparto de la riqueza quieren evitar a toda costa la acumulación y también, en lo posible, el contratar a gente. Sólo lo hacen cuando se ven desbordados por el trabajo o para tareas muy concretas. Su postura al respecto es que, si consideran que la cooperativa produce riqueza para un socio más, hay que buscarlo e incorporarlo en las mismas condiciones que a los demás. Esto implica responsabilidades y beneficios, y que sea el grupo quien resuelva su propio empleo solidariamente.
Otra de las conclusiones a las que han llegado a través de su experiencia es que este tipo de proyecto no puede surgir ni mantenerse con ayudas públicas. La agricultura ecológica, además, por tratarse un área nueva con interesantes perspectivas de mercado, no lo tiene más fácil que el resto. ¿Por qué? Porque las grandes empresas productoras y agroalimentarias han llegado también aquí. Y los organismos públicos como el C.A.A.E. (Comité Andaluz de Agricultura Ecológica), que es el encargado de promocionar y difundir los productos ecológicos y a sus productores, ha renunciado a favorecer a los pequeños o promover los planteamientos integrales de este tipo de agricultura.
El C.A.A.E. lo está demostrando al participar en todas las grandes ferias internacionales, donde promociona a los grandes operadores comerciales españoles; y renunciando a aparecer en las pequeñas que se realizan en comarcas y con pequeños agricultores La primera Feria Anual de Agricultura Ecológica fue una interesante experiencia en la que participó esta institución junto a organizaciones de base social, como el SOC, COAJ, AGUADA (As. de agricultores y ganaderos), CGT, la Federación Ecologista-Pacifista y cooperativas. La segunda se intentó organizar desde La Verde, pero el Comité la boicoteó y acabó concediéndosela a Vida Sana, una gran marca de Cataluña. Desde entonces, el CAAE ha venido demostrando su función como organismo de control político y represión, que actúa contra quienes proponen un modelo diferente de producción y estrategia comercial basada en la autonomía.
“El CAAE viene demostrando su función como organismo de control político y represión al no promocionar las pequeñas iniciativas”
De cualquier forma. La Verde y las cooperativas con las que está asociada en Verde Oliva, siguen dando pasos para afianzar mercados alternativos y lograr permanencia y estabilidad frente a los consumidores. Su mercado en la sierra y bahía de Cádiz es uno de los más importantes en el estado español, por su desarrollo y variedad de productos. Con Verde Oliva está ya en marcha un molino para fabricar aceite ecológico y comercializarlo. Estos proyectos culminarán en la comercialización conjunta de todo lo ecológico que se produce en la comarca. Vista desde fuera, parece que la ventaja que llevan en LA VERDE con respecto a multitud de planteamientos y hechos logrados es de años-luz. Pero, ell@s en realidad cuentan con muy poco. Tan sólo con ideas claras y la voluntad de contagiarlas.