"no hay causas perdidas, hay causas difíciles, pero como son tan justas algún día las ganaremos" (Diamantino García)

actividades | afiliación | asesoría | convenios | imágenes | organización | videos

  REPRESIÓN
 
  INFOCA
  WEBS LOCALES
  PARA VISITAR

 
 

La lucha por la tierra en Marinaleda

Lo primero fue preguntarnos ¿quién tiene la tierra? Y la respuesta también era clara. En la zona el mayor terrateniente era el Duque del Infantado, cuatro veces Grande de España y amigo personal del Rey Juan Carlos.

Pero para poder quitarle la tierra al duque había que recurrir a una vieja ley olvidada en los cajones de la administración pública que decía que cuando se ponían nuevas tierras en regadío a ese propietario se le podía expropiar una buena parte de sus tierras.

Las tierras del duque eran de secano por tanto lo que había que conseguir era que se pusieran en riego y por eso tras una asamblea general allá por el año '83 decidimos ocupar el pantano de Cordobilla situado en el río Genil para reclamar “agua para regar la tierra” que era el primer paso de aquel viejo sueño que teníamos entre ceja y ceja de que la tierra sea de quien la habita y de quien la trabaja.

En el pantano estuvimos 30 días con sus noches, para ello construímos un campamento para poder refugiarnos del agua porque era el mes de marzo y del frío que también era importante en la época y allí permanecimos hasta que en una de las asambleas que hacíamos en la misma ocupación decidimos mandar una expedición de mujeres al Coto de Doñana donde estaba de vacaciones el entonces presidente Felipe González.

Aquel grupo de mujeres rodeó la zona donde descansaba el presidente del gobierno con la paciencia y la firmeza de la que las mujeres han hecho gala en nuestras luchas y Felipe no tuvo más remedio que citarnos en La Moncloa  para tratar detenidamente de esta reivindicación.

Aquella lucha consiguió unos niveles de convivencia sencillamente extraordinarios que luego serían muy importantes a la hora de otras luchas y en los momentos más difíciles y cuando menos salidas se veían en el horizonte.

De aquella entrevista salió el compromiso de que habría agua para regar la tierra.

Y para nosotros era una parte del objetivo que nos llevamos bajo el brazo pensando ya en las siguientes luchas que era ir directamente a ocupar la finca del señor duque.

Así que comenzamos las ocupaciones que iban a durar unos cuantos años y los enfrentamientos con jueces, Guardia Civil, Gobierno y sobre todo con la incomprensión de muchos trabajadores de otros pueblos y algunos del nuestro que creían que estábamos locos, que aquello era una quimera inalcanzable y que desde luego aquellas luchas estaban condenadas al fracaso.

El cortijo de “El Humoso” sería pues ocupado una y otra vez y desde luego también desalojado por la Guardia Civil que con una compañía al efecto nos expulsaba  una y otra vez en la esperanza de que nos cansáramos en el empeño.

En una de estas ocupaciones allá por el año '85 viendo como el Gobierno nos ignoraba decidimos que un grupo de 90 mujeres se fuera a Sevilla delante de la presidencia de la Junta de Andalucía que entonces estaba en la calle Monsálves y de presidente Rodríguez de la Borbolla.

Al llegar a Sevilla hicimos una sentada delante de la puerta principal del Palacio y allí la policía nos aguantó hasta que al llegar la noche detuvieron a todas las mujeres que fueron conducidas en furgones a las comisarías de Triana y Torreblanca. Cuando llegaron las 4 de la mañana y después de tomarle declaración una por una ponían a las mujeres en libertad. Este hecho se repetiría durante 9 días consecutivos quizás creyendo el Gobierno que así podrían doblegar la fuerza de esta lucha.

Sin embargo bien al contrario cada día que pasaba, las mujeres ganaron en fuerza y terminaron cantando el himno de Andalucía en las propias furgonetas de la policía que no sabían que hacer cuando al pasar por las calles hacía la comisaría la gente se quedaba mirando sorprendida.

Creemos que aquella lucha marcaría un antes y un después de la lucha por la tierra porque el gobierno empezó a comprender que no podía conformarnos de cualquier manera y que desde luego era todavía más difícil el doblegarnos.

Al final de aquella lucha hicimos una tregua vigilada cuyo objetivo no era más que darnos un respiro para actuar de nuevo si fuera preciso con más contundencia.

En aquel año '85 la lucha se alargó considerablemente y después de varios meses llegamos hasta la feria que tuvimos que suspender. El comunicado decía así:

“Sin alegría es imposible la fiesta. Sin trabajo todo sabe a desesperanza y tristeza... Sin futuro con las bofetadas de las limosnas estatales solo se puede acumular amargura. Por esta razón y después de llevar 35 día exigiendo tierra, agua, trabajo y el derecho a la vida y aun sin respuesta hemos decidido suspender las fiestas hasta que las condiciones sociales y las perspectivas de un futuro más digno puedan plasmarse en algo más concreto... Perdón a los que se sientan dañados en su interés, esperamos que nos entiendan... estamos en lucha por una vida mejor que es la única manera de sentir la alegría colectiva necesaria para celebrar NUESTRA FIESTA”

En el año '86 nos iríamos a Madrid defendiendo al compañero Diego Cañamero al que querían meter en la cárcel por un efecto acumulativo de los muchos juicios que todos los dirigentes del Sindicato llevábamos sobre nuestras espaldas, Aquella lucha por la libertad encontraría un gran respaldo en el pueblo de Madrid que nos proporcionó casa, comida y cariño con tal generosidad que desde entonces nunca se nos ha olvidado porque nos dio las fuerzas necesarias para aguantar las movilizaciones diarias y los palos que recibimos delante del Ministerio de Justicia.

La lucha fue larga y difícil pero no abandonamos Madrid hasta que no nos garantizaron la libertad que habíamos ido a reclamar.

En el año '88 las ocupaciones que venían sucediendo año tras año y así día tras día concluyó con una ocupación que queríamos que fuera casi la definitiva o al menos que diera un empujón suficientemente contundente a la sordera crónica del Gobierno.

Así que montamos un campamento en la “era” que linda con el cortijo, alquilamos tractores y comenzamos a arar la tierra con la idea de no marcharnos de allí de ninguna de las maneras. Allí estuvimos durante 90 días y 90 noches lo que permitió que desde allí mismo cada semana se hicieran al mismo tiempo acciones paralelas en Sevilla con la idea de no dejar tranquilo al gobierno ni un minuto.

Cada noche hacíamos una asamblea en la que reflexionábamos cómo habían sido las luchas, qué habíamos conseguido, qué aciertos habíamos tenido, qué errores y cómo estaba el ánimo para poder seguir luchando y definir las luchas de los días siguientes.

Tan larga lucha trajo como consecuencia el desánimo de algunos incluso su falta de creencia en lo que estábamos haciendo porque pensaban estos compañeros que con aquella acción no conseguíamos ninguna respuesta del Gobierno y creían que era una batalla perdida. Sin embargo los hechos reales iban por otro sitio ya que el Gobierno estaba llegando al límite de su paciencia y no sabía por donde optar, si por una represión dura o por tener que acceder a nuestras reivindicaciones.

Para aumentar la presión nos volvimos a desplazar a Sevilla donde realizamos todo tipo de acciones que terminarían con una negociación forzada con el consejero de agricultura que se comprometería a buscar alguna fórmula para que pudiéramos acceder a la tierra.

Se acercaba el '92 y ya se estaba preparando la Expo que para el Gobierno tanto central como autonómico resultaba intocable. Pensamos que allí estaba el talón de Aquiles por donde deberíamos apretar a fin de sacar a luz las contradicciones gubernamentales. Y nos fuimos delante de la puerta del comisario allá por el año '91, ocupamos sus oficinas y cortamos la Avda. de las Palmeras en las dos direcciones. La policía actuó con inusitada contundencia, fuimos apaleados en repetidas ocasiones y tratados con un desprecio absoluto.

Aquella acción sin embargo sería casi definitiva ya que a los pocos meses fuimos citados por el nuevo consejero de agricultura el Sr. Marín que se comprometió a concedernos las 1.200 Has. que veníamos reivindicando.

Por fin alcanzábamos el viejo sueño de “la tierra para quien la trabaja” por primera vez en 5.000 años de historia en Andalucía.

¿Qué significa que los jornaleros en paro accedieran por primera vez al medio de producción tierra?

Alcanzar el medio de producción tierra significa un salto revolucionario de primera magnitud puesto que es tocar la clave del Sistema Capitalista de Producción que iba a permitirnos a disponer de un instrumento esencial para liberarnos como clase.

¿Qué efectos prácticos tuvo?

1.- Que hemos acabado con el paro. Que ya no necesitamos a los terratenientes para poder comer todos los días.

2.- Que hemos acabado con la emigración puesto que ya nadie, ningún trabajador tiene que salir de su propio pueblo para encontrar un trabajo que tiene en el proyecto colectivo de “Los Humosos”

3.- Que hemos acabado con la explotación ya que la plusvalía que genera el obrero vuelve a reinvertirse y a repartirse para el bienestar colectivo de los propios obreros.

4.- Que hemos avanzado siglos en nuestra capacidad de superar retos colectivos.

Pero pronto nos dimos cuenta que tener la tierra no era suficiente para acabar con el paro sino que teníamos que dar un paso más y ese paso era la industria.

Así que primero sería la industria del pimiento, luego la alcachofa, más tarde las habas y el aceite, ahora nos proponemos también la aceituna de mesa y los brotes de ajo... en definitiva pusimos en marcha un salto cualitativo en lo productivo que significaba que la industria y su valor añadido era también propiedad colectiva de los obreros.

Esto consiguió no solo nuestro afianzamiento económico sino también el multiplicar los puestos de trabajo puesto que nuestro objetivo era conseguir el pleno empleo.

La industria cumple además un papel fundamental y es hacer más competitivos nuestros productos agrícolas en el mercado nacional e internacional que si además se acompaña de volumen y calidad podemos hacernos un sitio donde poder seguir avanzando en nuestro proyecto colectivo.

Con la tierra y la industria hemos conseguido en los tres últimos años generar más de 600 mill. de pesetas en empleo además de una inversión propia cercana a los 700 mill. de pesetas.

El objetivo del pleno empleo ya no es ningún objetivo lejano sino que la gran mayoría de los trabajadores tiene empleo todo el año y en determinadas épocas tienen que venir trabajadores de los pueblos de nuestra comarca por lo que nuestro proyecto colectivo no solo beneficia a los trabajadores de Marinaleda sino también a los de otros pueblos de los alrededores.

Cooperativa "La Verde"


La cooperativa La Verde surgió como un proyecto de agricultura ecológica ligada al autoconsumo; a la posibilidad , para alguna gente , de cuidar una pequeña huerta y vivir de ella. Era un momento -el año 87- de crisis en el movimiento jornalero, cuando la política de subsidios y el PER estaban empezando a dejar sentir la desmovilización en el campo. En Villamartín, el Sindicato de Obreros del Campo tenía una fuerte presencia: ocupaba f i ncas , realizaba grandes asambleas abiertas y estaba formado por gente joven y entusiasta. Un grupo de estos jóvenes del SOC — recogiendo el debate sindical de pasar a controlar los medios de producción impulsaron la idea. El primer año estuvo dedicado casi por completo al debate; una vez transcurrido, tomaron la decisión de comenzar el proyecto pasando a la acción.

Ahora, años después de los primeros pasos del trabajo en la huerta, reconocen lo poco que sabían, cómo fueron descubriendo las grandes diferencias de la situación de un jornalero a la de un campesino, cómo cambiaban los roles, la responsabilidad. También les pesaba, al principio , la imagen negativa que se había creado en la zona del cooperativismo. La política del PSOE de impulsar proyectos en función sólo del carnet político de los que los presentaban había terminado con el rotundo fracaso de bastantes iniciativas. Pero La Verde continuó. El grupo inicial se redujo a 10 personas, quienes decidieron crear la cooperativa y estos años han consolidado el proyecto, haciendo de él un modelo para muchos de los que empiezan.

"No les preocupa la propiedad de la tierra. El beneficio ha de obtenerse del trabajo "

Durante este periodo se han esforzado, sobre todo, en consolidar la capacidad de autoconsumo de cada uno de los socios, que para ellos es la base y el sentido de una idea como la suya. Para ello, f ueron aumentando la extensión de tierra de cultivo, que hoy es de unas 11 hectáreas -más otras cuatro dedicadas a caminos y edificios y pastos permanentes para el ganado. La mayoría pertenecen a la Confederación Hidrográfica, y las otras 4 ó 5 las compraron a campos limítrofes: Aseguran no preocuparse por la propiedad de la tierra; piensan que el beneficio ha de salir del trabajo, del usufructo de la tierra (de hecho, han sido tan desinteresados como para construir su tienda y la casa en estos terrenos, sabiendo que les sería imposible venderlos). Si " su historia " tiene alguna continuidad después de ellos, habrá de ser de esta forma.

Lo que han conseguido con su constancia es aumentar la fertilidad de la tierra -que antes de La Verde se utilizaba para la extracción de áridos-, y rentabilizarla con un grado de eficiencia altísimo. Ahora, a lo largo del año, produce en tomo a las 45 especies distintas de hortalizas: berenjenas y calabacines, calabazas, tomates, zanahorias, habas, cebollas...; y árboles frutales, como perales y manzanos. También han logrado fijar una asignación mensual para cada uno, que se completa con el autoconsumo de los productos de la huerta y la tienda (procedentes de intercambios) -leche, carne, huevos, verduras, frutas- y se distribuyen en función de las necesidades del grupo de personas o familia con las que conviva el socio en cuestión.

Desde sus planteamientos, la agricultura ecológica debe ser considerada como algo integral, que define las bases económicas en donde debe darse.

Poco cambia una agricultura que, aunque sea un poco más respetuosa con el medio y utilice menos productos contaminantes, se enmarca dentro del actual sistema de producción a gran escala. En las grandes empresas que buscan la productividad como primer objetivo y destinan sus productos a las clases ricas europeas, mientras la gente del entorno tiene que comprarlos en una cadena de supermercados. Eso hace que el gasto energético en transporte, por ejemplo, sea claramente contradictorio con un modelo que se supone ecológico. Con este sistema, además, es la in­dustria agroalimentaria, tradicional intermediaria, quien recauda todo el beneficio de la comercialización. Manuel, uno de los fundadores de La Verde, nos comentaba como, en su opinión, la gran deficiencia histórica del campesinado ha consistido en desentenderse de esta parte de la comercialización y centrarse sólo en producir. Ello ha posibilitado la situación de dependencia total de la agricultura de hoy

Para hacer una agricultura coherente con estos planteamientos. La Verde ha trabajado duro en recuperar los usos de la agricultura tradicional, que en esta zona existía en la forma de una vieja cultura hortícola, por su cercanía con el río Guadalete. Para ello se han dedicado a buscar, recuperar y clasificar las variedades de especies autóctonas. Frente a la tecnologización actual del campo -en la que el próximo y ya introducido paso es el de los vegetales modificados genéticamente -, las especies locales, adaptadas al terreno junto al que han ido evolucionando y robusteciéndose, son la única garantía de preservación de la biodiversidad genética. En La Verde han acompañado la investigación de las semillas con la de sus usos agrícolas o culinarios, y ello ha culminado en una gran autonomía para la cooperativa, pues disponen del 80% de las semillas que necesitan y pueden intercambiar y venderlas a otros agricultores. Es un paso muy importante del que no todas las iniciativas de este tipo son aún conscientes. Ahora, necesitan de una o dos personas -al menos un técnico-, encargadas de ordenar y clasificar todo el material genético que han acumulado, para poder rentabilizarlo y utilizarlo adecuadamente. Intercambiar y distribuir semillas es una responsabilidad muy seria, por cuanto debe ser acompañada de información sobre sus usos y cuidados, todo un saber que en gran parte no está escrito.

Pero esto no es suficiente. Si todo este esfuerzo se deja en manos de una industria que lo transforme y distribuya, el agricultor habrá perdido gran parte del valor generado con su dedicación. Por eso. La Verde se ha preocupado de ayudar a impulsar una red de consumo local, un circuito corto y libre de intermediarios para sus productos, que se venden en la sierra y bahía de Cádiz (San Fernando, Jerez, Sanlúcar, Puerto Real, El Puerto de Santa María, Ronda), en Granada y que ellos mismos distribuyen. En estas ciudades y pueb­los están vinculados con asociaciones de consumidores y tiendas ecológicas que le aseguran la venta de una parte de la producción y van creando conciencia a la vez que costumbre entre los consumidores.

Otros pasos importantes encaminados en este sentido: el año pasado probaron a envasar tomate en una pequeña fábrica de mermeladas de Zahara de la Sierra que tenía problemas para subsistir dada su pequeña producción: el resultado fue un éxito; así, este año, han decidido aumentar la cifra inicial a 15.000 kgs. de tomate con su etiquetado y marca. Junto a la fábrica y otras dos cooperativas de la zona ligadas al SOC, la coop. Tierra y Libertad de El Bosque y El Indiano de Puerto Serrano, y otros catorce pequeños productores de la comarca, han legalizado esta marca y la han llamado Verde Oliva. Todos están integrados en un proyecto mayor para formar una cooperativa de segundo grado. De esta forma pretenden hacerse con la transformación, comercialización y distribución y controlar todo el proceso de los alimentos que producen.

La trayectoria de la cooperativa ha sido difícil, como la de cualquier grupo embarcado en una historia común, con sus dificultades y malos momentos, además de los logros. Una constante del grupo ha sido su reformación, el cambio en los socios que han ido yéndose y llegando, dejando como herencia su trabajo y experiencia o comenzando a desarrollarla.

El 94-95 fue un periodo muy difícil para la cooperativa porque, primero, se vieron afectados por las consecuencias de la larga sequía, que desveló la necesidad de cubrir las necesidades de todos los socios y les impulsó a comprar más tierra. Después, porque terminó con la salida de una parte de ellos -tres o cuatro de los creadores del proyecto- que habían contribuido durante todo ese tiempo a impulsarlo. Pero se superó con la continuidad de la cooperativa; y la última salida de gente - apenas hace dos meses que se han ido dos socios más- no fue traumática para el conjunto. Saben que pueden integrarse personas con iniciativas que renueven a La Verde.

La organización interna de la cooperativa con un grupo reducido como el suyo, es relativamente fácil. Se reúnen todas las semanas en una asamblea que programa el trabajo para este periodo. También realizan otra reunión al mes, para poner en común la contabilidad y planificar a más largo plazo; y, por último, está la Asamblea Anual, dedicada más al análisis y reflexión globales sobre la marcha de la cooperativa, a definir estrategias económicas y los planes de cultivo. Procuran fomentar la rotación de tareas, de manera que nadie sea insustituible y todos contribuyan en todos los aspectos.

Después de estos doce años, su recuento anual de beneficios sigue siendo cercano al cero. Algo, en parte, premeditado: en el reparto de la riqueza quieren evitar a toda costa la acumulación y también, en lo posible, el contratar a gente. Sólo lo hacen cuando se ven desbordados por el trabajo o para tareas muy concretas. Su postura al respecto es que, si consideran que la cooperativa produce riqueza para un socio más, hay que buscarlo e incorporarlo en las mismas condiciones que a los demás. Esto implica responsabilidades y beneficios, y que sea el grupo quien resuelva su propio empleo solidariamente.

Otra de las conclusiones a las que han llegado a través de su experiencia es que este tipo de proyecto no puede surgir ni mantenerse con ayudas públicas. La agricultura ecológica, además, por tratarse un área nueva con interesantes perspectivas de mercado, no lo tiene más fácil que el resto. ¿Por qué? Porque las grandes empresas productoras y agroalimentarias han llegado también aquí. Y los organismos públicos como el C.A.A.E. (Comité Andaluz de Agricultura Ecológica), que es el encargado de promocionar y difundir los productos ecológicos y a sus productores, ha renunciado a favorecer a los pequeños o promover los planteamientos integrales de este tipo de agricultura.

El C.A.A.E. lo está demostrando al participar en todas las grandes ferias internacionales, donde promociona a los grandes operadores comerciales españoles; y renunciando a aparecer en las pequeñas que se realizan en comarcas y con pequeños agricultores La primera Feria Anual de Agricultura Ecológica fue una interesante experiencia en la que participó esta institución junto a organizaciones de base social, como el SOC, COAJ, AGUADA (As. de agricultores y ganaderos), CGT, la Federación Ecologista-Pacifista y cooperativas. La segunda se intentó organizar desde La Verde, pero el Comité la boicoteó y acabó concediéndosela a Vida Sana, una gran marca de Cataluña. Desde entonces, el CAAE ha venido demostrando su función como organismo de control político y represión, que actúa contra quienes proponen un modelo diferente de producción y estrategia comercial basada en la autonomía.

“El CAAE viene demostrando su función como organismo de control político y represión al no promocionar las pequeñas iniciativas”

De cualquier forma. La Verde y las cooperativas con las que está asociada en Verde Oliva, siguen dando pasos para afianzar mercados alternativos y lograr permanencia y estabilidad frente a los consumidores. Su mercado en la sierra y bahía de Cádiz es uno de los más importantes en el estado español, por su desarrollo y variedad de productos. Con Verde Oliva está ya en marcha un molino para fabricar aceite ecológico y comercializarlo. Estos proyectos culminarán en la comercialización conjunta de todo lo ecológico que se produce en la comarca. Vista desde fuera, parece que la ventaja que llevan en LA VERDE con respecto a multitud de planteamientos y hechos logrados es de años-luz. Pero, ell@s en realidad cuentan con muy poco. Tan sólo con ideas claras y la voluntad de contagiarlas.

   
  BUSCADOR
  CONGRESO

pincha en la imagen para conocer los trabajos del último Congreso del SOC

  RECOMENDAMOS

  VIA CAMPESINA

  ESTADÍSTICAS
   
Dirección: Avda. Blas Infante, 4, 8ª Planta. 41011 Sevilla - Tel: 954 27 14 55 - Fax: 954 27 14 60 - e-mail: socmra@teleline.es